White Castle, según la revista Time, es la marca de hamburguesas más influyente de la historia. De lo cual no tengo dudas, ahora les cuento por qué pero lo que sí, seguro no son las más ricas de la historia. Más bien son muy mejorables, demasiado sencillas, pero no podía dejar de probarlas.

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A ver, es difícil que una hamburguesa sea fea, y las de White Castle son muy ricas pero se zarpan de sencillas. Seguramente son así porque mantienen una tradición: se dice que son la primera cadena de fast food de los Estados Unidos y por ende, supongo, del mundo. Empezaron en 1921 y fueron los primeros en estandarizar un método de preparación que garantizaba que yendo a cualquiera de sus locales recibas el mismo producto exacto.

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Eso no es poca cosa! Digamos que inventaron una industria que hoy, casi cien años más tarde, mueve miles de millones de dólares y le da trabajo (y de comer) a cientos de millones de personas. Yo les debo mi respeto desde ya y para los que no conocen Estados Unidos, creo humildemente, que no se imaginan lo que es allá la industria y la cultura del Fast Food. Es algo muy importante, mucho más que en Argentina.

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Y la marca White Castle ocupa un lugar importante en la cultura yanqui, yo las escuché mencionar en varias películas e incluso hay una comedia del 2004 de la que forman parte de la trama principal. Algunos la habrán visto: se llama en inglés “Harold & Kumar go to White Castle”. Según Wikipedia nacieron y rápidamente se propagaron por todo el centro de Estados Unidos, pero no tanto por las costas y como que frenaron ahí. Por lo que pude leer el primer local que abrieron en los últimos 56 años en un estado nuevo del país es este que yo fui en Las Vegas, que está dentro del “Casino Royale”, un casino de los medio pelo a decir verdad.

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Pero más allá del mito lo único que me pareció muy bueno de las hamburguesas fue el pan, era como una esponja, como algodón, muy húmedo y rico. Pero después lo que viene a ser el patty es un cuadradito de carne del tamaño de una galletita de agua y con un espesor de quizás dos o tres milímetros, no más que eso. Es una broma casi. Ni se le siente el sabor a carne. Yo las pedí con queso y traían un poquito de cebolla picada y una rodajita de pepino. Son demasiado básicas y su sabor no existe comparado con las hamburguesas que normalmente posteo en este blog. Son cuadraditas, muy pequeñas, tanto que las venden de a 4, de a 6 y hasta de a 10 y 20 unidades. Cada una en su cajita de cartón (nada ecológico el tema).

Pedí papas fritas y aros de cebolla, ambos estaban muy ricos, incluso más que las hamburguesas. Los “aros” de cebolla técnicamente eran gajos, como se ve en la siguiente foto. Las papas eran de las cortadas tipo cerrucho, muy ricas y recién fritas. Las bebidas con refills ilimitados.

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Si tuviera en cuenta la historia que hay detrás, les pondría tres puntos seguramente pero intento puntuar principalmente a la hamburguesa y si es por eso apenas les alcanza para un dos.

Vale la pena probarlas, por la historia que conllevan, son ricas para comer al paso como hice yo o también se podría probar las precocidas y congeladas que venden de White Castle en los supermercados (las he visto pero no probado). Solo eso…

http://www.whitecastle.com/

 

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