Tengo que reconocer que soy un poco básico y repetitivo con las comidas. Cuando algo me gusta yo voy a lo seguro y repito. Y también suelo ser escéptico con ciertas modas gastronómicas que a veces me parecen tiradas de los pelos y/o esnobistas. Quizás eso explica lo que pasó cuando fuimos a buscar un lugar para hacer un “brunch” este fin de semana largo y nos encontramos con La Marguerite. Ahora les cuento bien como pasé de una cosa a la otra, terminé pidiendo una hamburguesa y además sacando de la galera este post para el blog…

Al lugar decidimos entrar porque con solo verlo desde la vereda resulta tentador. El local está muy bonito, se entra por un patio y si no fuera por el calor y la humedad de ese mediodía sin dudas hubiéramos comido afuera. Pero elegimos sentarnos adentro, dónde no hay más que unas pocas mesas pero el ambiente es muy acogedor y por supuesto con aire acondicionado. La decoración es sencilla pero muy delicada y aclaro que este lugar está muy lejos de ser una hamburguesería. En realidad es una pastelería pero con una carta bastante completa que para mi sorpresa incluía una hamburguesa.

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Y entonces esto sumado a que de casualidad yo tenía la cámara de fotos conmigo hizo que de alguna manera o de otra yo terminé derivando mi proyecto de brunch hacia otra cosa un poco distinta. Pero de todas formas también pedimos una de las opciones de brunch y estaba estupenda, muy recomendable e incluso mejor que la hamburguesa. Me olvidé de sacarle fotos a eso, pero de verdad me dan ganas de volver y brunchear! Eran tres tostadas de un pan riquísimo, con frutas frescas, todo salteado en manteca, con una buena cantidad de huevos revueltos y panceta dorada. Realmente exquisito…

Pero este post se lo vamos a dedicar a la hamburguesa, que si bien estaba muy buena de sabor gracias a la excelente calidad de los ingredientes usados también tenía algunos defectos. Principalmente que la carne estaba pasada. Pero bastante… No sé, quizás tuve mala suerte, pero uds. vean el “tono” de la carne en las fotos: está negra. Y eso que a mí me gusta la carne bien tostada por fuera pero también me gusta que esté jugosa por dentro. Ese es el punto ideal y sin embargo el patty que me sirvieron acá estaba ya directamente seco. No incomible, pero de cualquier forma una verdadera lástima. Y lamentablemente esto no es algo tan raro, más bien es uno de los defectos más comunes en las hamburguesas argentinas: el punto (pasado) de la carne.

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El resto era todo de muy buena calidad. La panceta la pedí especialmente crocante y cumplieron, además era una feta gruesa. Muy buena. Pero el queso era algo tipo mozzarella o incluso quizás port salut y yo creo que desentonaba un poco. Las cebollas caramelizadas riquísimas y la hamburguesa como verán en las fotos era enorme. El pan no estaba mal, pero sí demasiado consistente para una burger. Yo prefiero algo más esponjoso, algo que al apretarlo se aplaste más. Si el pan es muy denso es casi imposible comer una hamburguesa de este tamaño sin que se vaya desarmando.

El sándwich vino acompañado de unos bastones de papa muy ricos. No eran crocantes pero el sabor era impecable y más bien gourmet, yo creo que estaban salteados en manteca o en algún aceite saborizado. Un toque distinto a las clásicas papas fritas pero a mí me gustaron mucho y si tengo que elegir entre papas precocidas y esto, me quedo con estos bastones toda la vida.

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Como les dije, este post se dio de una manera tan improvisada como fue mi decisión de comer esta hamburguesa. Yo había salido de casa en busca de otra cosa pero sobre la marcha cambié de plan y de todas formas comí muy bien. El lugar tan lindo, la calidad de la comida y la buena atención compensaron los detalles negativos de la hamburguesa, que tampoco estaba tan mal.

De hecho la hamburguesa y las papas, por sólo $125, estaban muy ricas y creo que con bastante menos tiempo de cocción en la carne hubiera sido un combo excelente. También creo que por su tamaño esta pequeña bestia no deja con hambre a nadie y además el lugar da para probar muchas cosas más. Yo pienso volver por otro brunch como el que también pedimos (exquisito y más bien para dos personas) o por algunos de los platos que vimos pasar hacia otras mesas que derrochaban hermosos colores y una perfecta presentación.

Me gustó: la pacenta, generosa y crocante; las papas no eran las típicas de una hamburguesa pero de todas formas realmente muy ricas.

No me gustó: el punto de cocción de la carne estaba MUY pasado! El queso no era demasiado sabroso y para eso hubiera sido mejor el clásico cheddar; cuando trajeron la cuenta en vez de burger decía “burguer”… esto es una pavada pero podrían ponerse las pilas, cambiarlo y hacerme un poquito más feliz.

http://www.lamarguerite.com.ar/

 

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